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10 enero, 2012

Entonces aparece él, con esa estúpida sonrisa, pero tan perfecta.

Aquello que un día fue ilusión pura y dura, ahora es una continua busca de magia. Aquella relación que parecía perfecta, ahora demuestra todos sus mayores defectos.
Las ganas de realizar cambios asoman en mi interior y mis lágrimas empiezan a brotar de mis ojos verdes oscuro. Pero justo cuando decido tirar todo por la borda, aparece él, con sus preciosos ojos marrones y su perfecta sonrisa.
- ¿Qué tienes, mi amor?
+ Nada, cariño.
- ¿De verdad?
+ Sí... Pero quiero que me prometas una cosa.
- Dime.
+ Prométeme que me amas tanto como antes.
- Te lo prometo, pero no es del todo verdad.
+ ¿Cómo? ¿Por qué?
- Porque te amo más que antes.
Entonces fue cuando me di cuenta de todo: el tiempo hace que el amor, aunque pierda la ilusión, se haga más fuerte.

11 noviembre, 2011

Me enamoré de ti, lo siento


Ya hace un año que le conocí. Ese chico de la discoteca. Ese chico con sonrisa de cine, ojos azules, pelo negro y cuerpo de escándalo... Daniel. Ese es su nombre. Ese es mi chico.
Como siempre, a las seis de la mañana suena el despertador. Daniel tiene que ir a trabajar y yo lo despierto cariñosamente.
- ¡Buenos días! - dije a la vez que le besaba el cuello.
+ Buenos días... ¿Qué celebramos hoy? - dijo a la vez que se tiraba encima mía y me sonreía.
- Ya sabes que yo las mañanas las tengo tontitas - dije entre risas.
+ Ya lo sé - dijo riéndose también.
Nos besamos durante un instante y se levantó de la cama.
+ ¿Nos bañamos juntos?
- Veo que no soy la única que tiene una mañana tonta. Vale, vete quitándote la ropa ahora voy - dije mientras lo miraba con un especial cariño.
Me quedé sentada en la cama, pensativa. Hoy me he levantado diferente. Sigue siendo tan guapo como cuando lo conocí. Prácticamente vivimos juntos, y... No. No puede ser. Pero, ¡es tan guapo! Todavía recuerdo la frase de <<No te enamores de mi, no quiero hacerte daño>>, ¿la habrá seguido al pie de la letra? Poco a poco va saliendo una pequeña lagrimita de mi ojo derecho. No puede ser: ¡estoy llorando! No me atrevo a decir porqué.
Casi temblando, me quité la ropa y me metí en la ducha sin mirarle a la cara.
+ ¿Qué tiene mi diseñadora preferida?
- Nada...
+ ¿Estás llorando?
- No. Es que se me acaba de caer el champú en los ojos, por eso los tengo rojos...
+ Ah, vale. ¿Seguro que no tienes nada? - dijo con un tono muy impaciente.
- No. No estoy segura - salimos de la ducha y mientras nos secábamos, continuó la conversación.
+ Cuéntame, Dafne. Me estás asustando.
- Tengo miedo.
+ ¿Por qué?
- Estos días atrás, he notado que cuando te miro se me acelera la respiración, que cuando me besas el tiempo se para, que cuando veo que te desnudas cada una de mis terminaciones nerviosas cobra vida y que cuando te veo sonreír parece que no hay nada más hermoso que tú.
+ ¿Qué me quieres decir con eso? Yo también lo he sentido durante este año.
- Pero... No de esta forma.
+ ¿Por qué? ¿Qué hay de diferente? Somos amigos que viven juntos, se atraen y pasan un rato divertido juntos.
- A eso me refiero. Somos amigos...
+ ¿Y...?
- Me he enamorado de ti, lo siento - dije mientras empezaba a llorar otra vez.
+ No, no llores, por favor. Te tengo que confesar una cosa.
- Dime...
+ Yo también estoy enamorado de ti, pero no desde hoy, sino desde que te conocí. Eres la chica más hermosa que he conocido y te quiero.
- ¡Nooooooo!
+ Pero, ¿por qué?
- Yo no puedo enamorarme. Soy muy joven, no quiero novio, no quiero amarrarme. Quiero ser feliz.
+ ¿Has sido feliz este año entero?
- Sí.
+ Pues, ya está. Ésto es ser una pareja. Sólo que no puedes acostarte con nadie más, ni yo tampoco. Y también cambia otra cosa... Que las parejas se dicen te quiero.
- No. No puedo.
+ Inténtalo.
- No puedo.
+ ¿Por qué, Dafne? No es tan difícil.
- No puedo. No sólo te quiero.
+ ¿Cómo?
- Sí. Yo te quería hace seis meses. Hoy...
+ ¿Hoy qué?
- Hoy siento que te amo... Y lo peor de todo es que me duele. Te amo, y no quiero hacerlo.
+ Entonces, es amor de verdad.
- ¿Cómo? ¿Amor? Has violado mi primera regla.
+ No. La has violado tú. Me has dicho te amo y si la misma persona que hace el reglamento, lo infringe, éste pasa a ser inválido.
- ¡Cómo te odio, abogaducho!
+ Pero me amas...
- Sí. Aunque seamos amigos.
+ ¡A la mierda la amistad! Yo también te amo, Dafne. Eres todo lo que quiero tener. Piénsatelo, por favor. Voy a llegar tarde al trabajo. No me llevaré las llaves, si quieres que estemos juntos, ábreme la puerta cuando llegue, si no, volveré mañana a buscar mis cosas - dijo mientras se vestía rápidamente.
- Vale.
+ Hasta después - dijo. Después me dio un beso la mejilla.
- Espera...
+ ¿Qué?
Me abalancé sobre él y lo besé. Lo besé apasionadamente.
- Te amo. No tengo que pensar nada...
+ Entonces, ¿somos pareja?
- ¡No te emociones! Vamos a intentarlo. Si no funciona, ya sabes que los contratos los puedo renovar cuando quiera.
+ Muchísimas gracias, Dafne. Eres la mujer de mi vida - concluyó mientras salía por la puerta.
¡Mierda! Ahora me acabo de acordar que quedé con otro chico a las cinco y media. Tendré que suspenderlo porque tengo... ¿cómo se llama eso? Novio. Me da repelús la palabra, pero bueno. Da igual. Lo tengo a él. Daniel. Todo lo que quería. Mi NOVIO. Cada vez que lo digo suena mejor: MI NOVIO, desde hace un año y para siempre.

23 octubre, 2011

No es culpa mía que te ame con locura.



Acostarme en la cama contigo, abrazarte y llorar sin saber por qué. Que me digas que me amas y llorar aún más fuerte. Besarte y no parar de llorar. Decirte que te amo, que no te quiero perder; y de esa forma, tú responder:
- No lo harás. Estaré siempre ahí.
Y seguir llorando, pero ésta vez, de alegría.

19 octubre, 2011

Los dos sabemos que me quieres besar, no lo niegues.




- Sh, cállate y escucha. Escucha cómo late mi corazón. Escucha cómo late lentamente...
+ ¿Eso qué tiene que ver con lo que estamos hablando?
- Pues, que estamos discutiendo y estoy tranquila. ¿Sabes por qué?
+ Sigo sin entenderte... pero, ¿por qué?
- Porque me siento bien. Estamos juntos. Somos una pareja normal y corriente: nos besamos y nos abrazamos, discutimos, nos decimos te quiero, no nos mentimos porque confiamos el uno en el otro. Sentimos la necesidad de estar juntos porque nos amamos. Sabemos que estamos hechos el uno para el otro, queremos aprovechar el tiempo juntos, y lo estamos haciendo. Tú sabes que fuiste el primero y la verdad, que espero que el último; y yo sé que aunque no fuera la primera, me quieres como si lo fuera.
+ No te sigo...
- Pues que si estamos discutiendo es porque nos queremos y las discusiones refuerzan la pareja.
+ ¡Ay boba! Si los dos ya sabíamos que nos queremos, y eso no lo dudaremos nunca.
- Y lo mejor de todo, ¿sabes qué es?
+ ¿Qué?
- Es que después de todo lo que te he dicho, no recuerdas que estamos enfadados y estás deseando volverme a besar, ¿o me equivoco?
+ Tienes toda la razón, cariño.

02 octubre, 2011

No te enamores, no me gustaría hacerte daño.


La noche marchaba muy bien, más de lo que esperaba. Había buena música, en concreto mi tipo de música preferido: música antro y electro-merengue. Estaba muy animada, había chicos guapos, en especial un par de amigos, uno rubio y otro moreno, que me volvían loca. Me había tomado dos tequilas y un Gin Tonic, realmente me estaba volviendo loca. Me pasé dos horas mirando a la pareja de amigos y echándole sonrisitas cada vez que miraban.
- Unos de éstos va a ser mío, ya lo verás - le dije a Katia, mi amiga de toda la vida.
~ ¿Tú no puedes salir sin pensar en sexo?
- ¿Sinceramente? No. ¡¡Están demasiado buenos!! - y nos empezamos a reir a carcajadas.
Derepente, noto que me están tocando el hombro y cuando miro hacia atrás, me encuentro con unos ojos azules de mirada penetrante, una sonrisa de cine y un pelo negro brillante, como el de los anuncios de HS for Men.
+ Hola, emmm... He notado que estabas mirándonos a mi amigo y a mí, y queríamos conocerte, a ti y a tu amiga, claro.
- Mm... Hola. Sí, hemos estado mirando, sería algo imposible no mirar.
+ ¿Imposible? ¿Por qué?
- Sois realmente guapos.
+ Gracias... - dijo con los cachetes totalmente rojos y una sonrisilla nerviosa.
- Bueno, y ¿cómo os llamaís?
+ Eh, sí. Yo soy Daniel y mi amigo es Kevin, ¿y vosotras?
- Yo soy Dafne, y ésta es Katia.
+ Encantados. Em... ¿Queréis tomar algo? Os invitamos.
~ Dafne, no deberíamos de beber más... - dijo Katia, con esa preocupación de madre que me ponía de los nervios.
- ¡Shhh! Claro que sí, chicos. Vamos.
Mientras nos íbamos acercando a la barra cada uno de los chicos iba hablando con la que más le interesaba y la verdad, que Daniel no estaba nada mal. Moreno, de tez oscura, ojos azules, sonrisa bonita, culillo respingón... ¡Nada mal!
Cuando me di cuenta, Katia y Kevin estaban bailando y, yo y Daniel estábamos en la barra hablando sobre nuestra vida profesional, aunque yo prefería hablar de algún que otro tema personal...
+ ¿Y entonces te dedicas a...?
- Trabajo como diseñadora de moda, bueno... mejor dicho: intento diseñar moda, porque mi jefa me tiene frustada, no le gusta nada de lo que hago.
+ Seguro que son preciosos, ya me enseñarás uno de tus bocetos, algún día, ¿no?
- Claro que sí. Cuando quieras. Pero bueno... Hablando de algo que nos interese a los dos. ¿Tienes novia?
+ ¿Eres directa, eh? jaja. No, no tengo novia, ni nada por el estilo. Soy más bien... Liberal.
- Sí, muy directa. ¿Liberal? Me gusta.
+ ¿Ah, sí? - dijo mientras su cara se acercaba a la mía.
- Sí y mucho. Yo también soy liberal. No tengo, ni quiero novio. Sólo quiero mantener una relación esporádica de vez en cuando y ya está. Tan amigos -. Dije con una de esas sonrisas picaronas que los vuelve locos a todos.
+ Me gusta tu sonrisa.
- ¿Cómo?
+ Sí. Que me gusta tu sonrisa, es preciosa, tanto como tú.
- Em... Gracias. Yo veo en ti muchas cosas bonitas, pero no sé si lo que veo es tan bueno como lo que no puedo ver aquí.
+ ¿Quieres que nos vayamos dar una vuelta?
- ¿En tu casa o en la mía?
+ Jajaja, me gustas. En la tuya.
- ¡Katia! Me voy, te llamo mañana y te cuento.
~ Serás... ¡¡Adiós!! Llámame, ¿eh? ¡Te quiero putilla!
- ¡Y yo!

**Media hora después**
- Bueno... Esta es mi casa.
+ Querrás decir, la puerta de tu casa.
- Ya, es que antes de entrar te tengo que decir las normas.
+ Uf, esto promete.
- Bueno, sí. Estás apunto de pasar uno de los mejores momentos de tu vida, y no quiero que lo estropees, ¿vale? La primera norma es que nunca, en tu vida, menciones la palabra "amor" o cualquiera relacionada con ello, en mi casa o en un radio de 100 km, ¿vale?
+ Vale, vale.
- Y la segunda regla, la última y la más importante.
+ Dime.
- No te enamores, no me gustaría hacerte daño. Eres demasiado mono.
+ Vale. No sabía que me podrías hacer daño.
- Si me llegas a conocer alguna vez, ya verás de lo que soy capaz o no... - inmediatamente al terminar esta frase, le besé apasionadamente.
Ese beso siguió siendo apasionado hasta el final del pasillo, dónde me cogió y puse mis piernas entrelazadas alrededor de su espalda.
Realmente, será la mejor noche de su vida. Sin duda alguna.

19 septiembre, 2011

Pérfida Dafne



"Discoteca Wilson

1€ el vaso de tequila (sólo para chicas), entrada: gratis
Abierto de 00.00 a 07.00"

-Bueno, a lo mejor aquí hay algo que me interese. Tiene buena pinta.

** Siete horas antes **
- Buenos tardes, dormilón. ¿Has descansado bien?
+ Claro. Contigo siempre duermo bien.
- Me alegro. Ahora, fuera. Ya sabes las reglas.
+ Pero... Hoy tenía la esperanza de que pudiéramos hablar de esta situación tan... extraña.
- ¿Qué situación? ¿Qué tiene de extraño esto? Quedamos, pasamos la tarde juntos, echamos un polvo, te vas de mi casa y tan amigos.
+ Pero yo no tengo edad ya para "echar un polvo" de una noche y ya está. Estoy pensando en que tengo que sentar la cabeza. Quiero formar una familia con alguien, y tú tampoco tienes edad para esto. Tienes veinticuatro años, no dieciocho. Tienes que madurar ya.
- ¿Qué me quieres decir con eso? Espera. ¿Me estás llamando inmadura?
+ No. No te estoy llamando inmadura. Quiero que... Bueno. Si quieres...
- ¿¡Qué!? No, no, no, no. Te estás confundiendo. El que no es maduro eres tú, porque por lo que veo, no entiendes lo que te dije hace dos meses cuando nos conocimos. Sólo sexo y amistad. Quiero que seas mi amigo íntimo y punto. No quiero nada serio.
+ Pero... ¡Si no me has dado la oportunidad de demostrarte que soy perfecto para ti!
- Tampoco quiero que me lo demuestres. 
+ Pero... Dafne, yo...
- Tú, ¿qué?
+ Te quiero. Me fascina tu forma de ser, tu forma de besar, de hacer el amor...
- Creo que este jueguito se ha terminado.
+ ¿Enserio? Menos mal porque...
- Sh, cállate, no me has dejado terminar. He dicho que se ha acabado este jueguito, pero para siempre. 
+ No te sigo.
- Que no me vuelvas a llamar. Esto se ha acabado. 
+ Pero, ¿¡por qué!?
- Has dicho las palabras mágicas, y ahora tienes que desaparecer. Adiós.
+ ...adiós, Dafne.
Ahora, vuelta a empezar. A ver dónde encuentro a un chico cómo él. Pero no es mi culpa, yo se lo advertí. Le dije claramente que no se enamorara. ¡Malditos sentimientos! ¡Asco de vida! Ahora tendré que salir a conocer chicos que estén dispuestos a estar así. No busco una relación. No busco nada, bueno sí: sexo. 
Estoy harta de tener que acabar siempre igual. ¿Por qué tienen que enamorarse? Yo lo hice una vez, pero ahora sólo es un vago recuerdo del que ni quiero acordarme. No sé por qué me siento mal... Sé que duele que te rechacen, pero así se aprende ¿no? Así aprendí yo.


***
Bueno, esto es un pequeño relato sobre una mini novela que estoy escribiendo.
Espero que os guste y si tenéis alguna idea, no dudéis en decírmela o si
pensáis que de alguna forma podría mejorarla :D
Muchos besitos a todos ^^

27 agosto, 2011

Con qué facilidad se le da la vuelta a la tortilla

"Hace unos días que no duermo nada.. Me he despertado con unas ojeras enormes y una cara de zombie impresionante. Cuando me miré al espejo tuve que lavarme la cara dos veces para entender que era yo. Intenté arreglarlo con remedios caseros, pero nada, era un caso imposible.
Ya hace una semana que te fuiste de aquí, justamente el tiempo que llevo sin dormir. Cada día lucho por olvidarte pero no puedo, es algo que ahora mismo está fuera de mi alcance.
Te echo de menos, por favor, vuelve.
Te quiero."
Ya es la segunda carta en una semana. No puedo negar que yo también lo extraño, pero no podía seguir así. El amor es algo precioso pero a la vez agobiante. Quiero vivir y ser feliz sin tener que darle explicaciones a nadie... o eso creo. También he de admitir que en esta semana he echado de menos el desayuno en la cama del martes: tortitas con sirope de chocolate y un cola-cao calentito; o pasar la tarde del sábado acostados en el sillón, acostados, viendo una peli... Pero no. Ya eso es agua pasada, ahora voy a vivir simplemente para mí. Quiero soltarme el pelo y conocer gente.
Aunque... ¿A quién quiero engañar? No puedo dejar de pensar en él. Me fui una mañana sin decir nada. Le hice mucho daño y aún así quiere estar conmigo. Es un cielo... Lo quiero, lo extraño. Tengo que llamarlo para hablar, necesito arreglarlo con él.
No, mejor no. ¡Yo quiero ser feliz! Pero.. No sé cómo. Lo necesito.. Pero tengo que seguir adelante. Pero.. Tengo que llamarlo.
Mm... ¿Cómo era el número? Ah, sí.
Piii... Piii... Piii...
- ¿Sí, quién es?
+ Hola...
- Hola. ¿Qué quieres?
+ ¿Cómo estás?
- ¿Es una broma? Porque si lo es, no tiene gracia.
+ Lo siento, no quise hacerte daño.
- Pues lo hiciste, ¿sabes? Llevo una semana en un sinvivir, me has hecho mucho daño y un lo siento no soluciona nada.
+ Te quiero...
- Tenías que volver ahora ¿no? Ahora que me estaba haciendo a la idea de que ya no volverías, cuando estaba consiguiendo dormir aunque sea un par de horas, tenías que volver. Me has jodido de verdad. ¿Y pretendes que te perdone así como así?
+ Claro que no, pero... Mejor, quedamos y te lo explico todo.
- No. No quiero que me expliques nada. Adiós.
Pi, pi, pi... Pi, pi, pi...
Una lágrima, y otra, y otra, y muchas más. ¿Por qué fui tan idiota? Tenía la felicidad en la palma de mi mano y no la supe conservar. Entiendo que esté enfadado, pero no puedo evitar estar triste... No puedo evitar llorar.
Lo quiero, lo necesito.
Lo perdí... ¡Por mi culpa!

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Hello gente! :)
Hace ya un tiempo que no escribía debido 
a la falta de la inspiración, pero anoche eso cambió.
He decidido escribir un pequeño relato basado en hechos reales.
Espero que os guste y tranquil@s, empezaré de nuevo a
escribir tanto como antes. Sólo fue un mal momento.
Besitos para tod@s!

21 junio, 2011

Tus gritos se me clavan en el alma


Te noto cercano, y distante al mismo tiempo. Después de un par de besos y una caricia apenas terminada; te lanzas sobre mí. Me besas con lujuriosa pasión, mi corazón late tan deprisa que no logro diferenciar cuál es cada uno de los movimientos cardíacos. Me pongo nerviosa, pero me relajo con facilidad. Esa caricia, se convierte en un baile ardiente: el de nuestros cuerpos. Pegados, moviéndose al unísono como cuando un pianista toca la más bella melodía. Repentinamente, se agotan la pasión y los besos, de una manera un tanto brusca.
Estaba a un lado de la cama, apoyado en un costado y dándome la espalda. Yo, aquí. Acostada, mirando hacia el techo y pensando en lo que había pasado minutos antes. Pasan diez... Quince... Treinta minutos envueltos en un preocupante silencio. Hasta que decidí romperlo:
- ¿Qué tal, cariño? - dije, a la vez que le besaba la espalda lenta y tiernamente.
+ Bien.
- Ah... ¿Y qué hacemos ahora? - continuo besándole el cuello.
+ No sé. Deja de besarme ya, ¿no?
- Em... Vale, vale. Sólo quería ser cariñosa.
+ Pues me estás agobiando. ¡Déjame ya! - dijo mientras se levantaba, cogía su ropa y salía del cuarto.
Se hizo el silencio y las lágrimas comenzaron a salir.
Siento desconcierto y temor, pero a la vez una intensa ira. No es la primera vez que ocurre... Pero, sí la última.

07 junio, 2011

Junto a mí, como siempre.


Me desperté.
Un sudor frío me recorría la cara, había tenido una pesadilla: no estabas a mi lado al despertar.
Miré a mi lado y te ví ahí, junto a mí, como siempre.
Me apoyé en tu hombro cuidadosamente, intentando no despertarte, y no lo hice. Mirándote a los ojos, otra gotita de agua recorrió mi rostro, pero esta vez no era sudor.
Me incorporé y me sequé los ojos, es imposible no llorar. Tanta belleza junta,
tanta fue la suerte que tuve al encontrarte.
Es imposible no llorar de alegría porque estés a mi lado.
Te di un beso en los labios y te susurré al oído: << Te amo. >>
Entonces, tus brazos me atraparon y me dijiste en un tono muy bajo:
<< Y yo también, princesa. >>
Estos pequeños momentos, son los que no cambiaría por nada.

14 mayo, 2011

¿Quieres volar conmigo?

Estábamos caminando, el uno junto al otro. Cada dos o tres segundos, nos mirábamos y sonreíamos. Un par de besitos tímidos, como si nunca nos hubiéramos besado. Bueno, la verdad que no. Nunca nos habíamos besado de esa forma. Era algo apasionante, ver cómo el miedo va dejando lugar a la alegría y ya mis lágrimas no salen, cómo la sonrisa que tenía en mi cara, no era fingida, era completamente verdadera.
¡Cómo pude ser tan tonta! Tenía delante de mí a mi verdadera felicidad y NO me daba cuenta. Soy idiota, y lo sé. Pero una idiota, enamorada.
Poco a poco se iba haciendo de noche, y el Sol dijo adiós desde el horizonte.
Estábamos sentados en un banco, que pasaría a ser nuestro banco, para siempre.
- ¿Escribimos nuestros nombres en el banco?
+ Por favor, ya tienes cierta edad ¿no? ¿Qué haces haciendo cosas de niñas? - dijo riéndose.
- ¡Oye! Yo nunca he dejado de ser niña, siempre he sido infantil, y sé que eso te gusta.
+ Bueno, vale. Pon los nombres, Wendy - dijo con un tono de burla que me hizo explotar de la risa.
Y ahí estaba grabado con permanente negro. Nuestros nombres y esa preciada fecha.
Puse las piernas encima de las suyas y le miré a los ojos. De repente se me ocurrió una idea.
- ¡¡Vamos!! - dije levantándome y corriendo.
Él hizo lo mismo, aunque un tanto extrañado por mi repentina ilusión.
Lo conduje hasta la plaza donde nos conocimos, dónde al lado de aquella fuente, había un pequeño llano con hierba. Me acosté allí y lo invité a que hiciera lo mismo.
+ ¿Qué estás haciendo?
- Shh... Cállate. Sólo mira el cielo y dime que ves.
+ Veo... Veo estrellas.
- ¿Nada más?
+ ¿Qué quieres que vea si es de noche?
- Aquella estrella, ¿la ves?
+ Sí, claro, por el momento no estoy ciego - dijo con tono burlón.
- Tonto. Esa estrella, la que está a la derecha de la Luna, desde pequeñita siempre me ha gustado, aunque en verdad, no es una estrella. Es un planeta, y su brillo es el primero que sale cuando cae la noche.
Allí pasaron horas, hablando y disfrutando del precioso cielo que hacía esa noche.
+ Cariño. Prométeme lo que estoy pensando.
- Te lo prometo.
+ Vale, pues entonces... Creo que tendré que irme.
- ¿¡Por qué!?
+ Porque he de preparar nuestro viaje, hasta el amanecer no podemos parar.
- ¿Cómo?
+ Sí, nos iremos tú y yo al País de Nunca Jamás. Tú siempre has sido una niña y yo no quiero envejecer. Estaremos juntos siempre.
- Jajajaja, ¡qué tontito eres!
+ Lo prometido es deuda.
- Sí, niño. Lo prometido es deuda.
+ Tenemos una vida por delante para volar juntos.
- ¿De verdad quieres volar conmigo?
+ Quiero volar, nadar, correr... Me da igual, mientras sea contigo.
- Eres un cielo.
+ Te amo.
Entonces, me abalancé a sus brazos y los besos y las caricias hablaron por sí solos.
No había nada más que decir.
Él y yo.
Peter Pan y Wendy; y la segunda estrella a la derecha.

01 mayo, 2011

Maldita ley (II)

Otro día más acostada en el sillón, viendo telenovelas y películas románticas de estas que en los primeros cinco minutos ya estás llorando; y comiendo helado de chocolate con nata y fresas mientras lloro por la mierda de vida que llevo.
Pienso tanto en él, en que fui una zorra, una idiota que dejó escapar a lo que más quería en este mundo y por eso me maldigo mil veces o dos mil, no sé... Cada dos minutos lo hago unas veinte veces, ya sacaré cuentas. Me entretengo mirando esas fotos de esos primeros dos meses juntos, abrazándonos, con dedicatorias por detrás que acababan en un <<Te prometo que seré todo lo que tú quieras que sea, te amo>>. Soy gilipollas.
Derepente, suena el teléfono.
Corro hasta la cocina y miro el número para ver si me suena. No, no me suena de nada, pero da igual.
- ¿Quién es?
+ Hola.
- Emm... Hola... Por qué... Em... ¿Qué?
+ Sé que no esperabas que te llamara.
- No, la verdad que no... ¿Qué quieres decirme? ¿Me vas a decir lo mismo que todo el mundo?
+ ¿Cómo? ¿De qué me hablas?
- Que soy una gilipollas, una puñetera inconformista, que he dejado escapar al mejor chico que he conocido y a la única persona que ha soportado mis impertinencias desde que nos conocemos y encima sin rechistar. Que soy una orgullosa por decirte que no lo sentía, cuando en verdad tenía ganas de echarme a llorar, que soy una zorra por utilizarte sólo por el placer, pero no era así ¿vale? Yo te quería y te quiero, pero tenía miedo.
+ ¿Miedo? ¿De qué?
- De que fueras igual que todos.
+ ¿Por qué lo dices?
- Desde que tengo dieciséis años llevo saliendo con chicos que como mucho me han durado seis meses y ya tengo veintitrés. Que después de conseguir el primer polvo me han dicho <<¡Hasta luego, Lucas!>>, que me han hecho mucho daño y después han ido fardando de ser los putos amos cuando no son ni la millonésima parte de nadie.
+ A las seis y media en el parque, delante de la fuente, no me falles como la última vez. Te quiero. - y colgó.
- Y yo... - dije mirando el teléfono.
Corrí a ducharme, peinarme, vestirme y maquillarme. ¡¡Tenía unas pintas tremendamente horribles!!
Me puse ese conjunto que tanto le gustaba: Mi camiseta de palabra de honor blanca ajustada con mi minifalda roja y esos tacones rojos de escándalo. Casi no me pinté, fui sencillita, como a él le gustaba. Me dejé el pelo suelto, me planché el flequillo y me puse una diadema blanca con un lacito rojo. Si este conjunto lo enamoró una vez, puede hacerlo dos veces.
Llegué a al lugar citado a las siete menos cuarto, y me sorprendió no verlo allí.
Dieron las siete, las siete y media, y las ocho y no aparecía. Cuando estaba a punto de irme, apareció él corriendo hacia mí.
+ Lo siento. Cuando iba a salir del trabajo, mi jefe me encomendó unas tareas. De verdad, lo siento muchísimo.
- No pasa nada...
+ Por cierto, estás guapísima.
- Gracias -. Una pequeña sonrisa iluminó mi cara.
+ Bueno, ¿vamos a tomar un café?
- Vale... Pero invitas tú ¿eh?
+ Cómo siempre.
Fuimos caminando hasta la cafetería de la esquina, dónde nos habíamos conocido hace 2 años. Yo trabajaba de camarera y le tiré un café encima. Pobrecito.
+ Ahora que estamos aquí quiero que me digas que no me quieres, que me odias, que sólo fui una forma de pasar el rato y que no me quiere volver a ver en tu cama ni una noche más.
- ¿¡Cómo!?
+ Sí, quiero que me lo digas, pero mirándome a los ojos.
- No te quiero, fuiste una forma de pasar el rato y no quiero volverte a ver en mi cama ni una noche más.
+ Vale. Después de esto, te dejaré en paz. Quería que me lo dijeras estando cuerda, no borracha como el otro día.
- Espera, no me has dejado terminar de hablar.
+ Dime.
- No te quiero, te amo. Fuiste una forma de pasar el rato ANTES, ahora eres todo lo que quiero. Y no quiero volverte a ver en mi cama ni una noche más, quiero verte las veinticuatro horas conmigo. En mi cama, en la cocina, en el salón. Me da igual, mientras estés conmigo.
+ Dicho esto, creo que sólo me queda una cosa que decirte.
- Vale, soy toda oídos.
+ Te has comportado como una zorra, me has utilizado cuando y como has querido, me has humillado delante de todo el mundo y me has hecho llorar dos años completos gracias a tus tonterías, ¿y todavía esperas que te crea?
- Hombre diciéndolo así... Pero sí, espero que me creas.
+ Pues ¿sabes qué? Llámame idiota.
- Idiota.
+ Déjame hablar - dijo entre risas - Llámame idiota, pero aunque no te lo merezcas, sé que me dices la verdad y quiero pedirte una cosa.
- Pídeme lo que quieras.
+ ¿Quieres casarte conmigo?
- ................ - no tenía palabras.
Lo único que se me ocurrió fue mirarle, besarle y decirle:
- Vámos a mi casa. Allí tendrás las respuestas a todas tus dudas.
+ Suena bien, pero espera. La prueba de fuego. ¿Qué me tienes que decir?
- TE QUIERO.
+ Muy bien. Yo también, cariño - y me besó tiernamente mientras salíamos de la cafetería cogidos de la mano y riéndonos.
- Que sepas, que éste es el primer día, del resto de nuestras vidas.
+ Ojalá, princesa.
- Te lo prometo.

24 abril, 2011

Maldita ley

Hoy desperté y vi en mi mesita de noche una carta.
Miré si había alguien a mi lado y no era así, vi que la ventana estaba abierta y entraba un calorcito muy reconfortante.
Volví a mirar la carta y dudé en abrirla, tenía miedo, estaba completamente atónita.
Me senté en el borde de la cama y cogí el sobrecito. Olía a perfume, un olor un tanto familiar. No podía ser...
Por fuera decía con una preciosa letra: "Para ti, de tu supuesto alguien especial".
Los ojos se me abrieron como platos y no tardé en romper el pequeño sobre para ver su contenido.
Había un folio de color rosa muy clarito, casi blanco, y en él estaba escrito:
"Querida... tú:
Hace ya unos meses que te ando observando detenidamente y he visto que poco a poco has ido cambiando de comportamiento, sobre todo conmigo. Anoche, fue la última noche que pasaremos juntos, ya no aguanto más... Estoy desolado, perdido, no sé qué hacer. Espera, perdón por adelantarme, probablemente no te acuerdes de nada. Anoche salimos a cenar, ¿recuerdas eso? Pasamos una bonita velada los dos juntos, charlando y riendo, y empezamos a beber, y entre una copa y otra, terminamos en tu casa, los dos juntos, besándonos con lujuriosa pasión y tras unos segundos de haber llegado, terminamos en tu cuarto. No pasó nada, como de costumbre. No es que esté desesperado, pero es que siempre la cagas, la verdad... Para concretar, me dejaste de besar y me dijiste <<Tanto tú, como yo, sabemos que esto es solo sexo, ¿no? Porque yo no te quiero, ni lo haré y tú tampoco... ¿verdad?>>, te dije que te quería y que yo quería esto fuera algo más que placer y me respondiste <<Jaja, no seas idiota. Los dos sabemos que yo solo busco divertirme una noche y ya está>>. Como comprenderás, se me quitaron las ganas de todo.
Nos conocemos desde hace dos años y estoy completamente enamorado de ti, bueno de la que eras antes, porque desde hace unos seis meses, has cambiado en todo. Lo que antes era perfección, se ha convertido en un continuo vaivén de sufrimiento, lágrimas y sexo sin compromiso. Como te dije antes, no aguanto más.
Te quiero, me atrevo a decir que hasta he llegado a amarte, pero no puedo seguir así... Así que, te dejo el desayuno hecho: tortillas con sirope de chocolate y un café calentito, como a ti te gusta, y me voy... Probablemente, para no volver más.
PD: Una última cosa, que sepas que cuando te dicen te quiero y se ríen de ti, duele muchísimo, y que la forma más bonita de mantener una relación con una persona no es decirle <<Este finde tengo ganas de hacerlo contigo, ¿a qué hora quedamos?>> y estar los tres meses siguientes sin saber nada de ti...
No lo sientas, porque sé que lo harás, pero será demasiado tarde. Adiós.
Firmado: yo."
Arrugué la carta y lloré sin cesar.
Eran las tres del mediodía y seguía tendida en la cama.
Cogí el teléfono y marqué su número.........
- ¿Diga?
+ Hola.
- ¿Ya leiste mi carta?
+ Sí, pero quiero decirte una cosa sobre eso.
- Dime.
+ No lo siento...
Y colgué.
Y volví a llorar, por él y porque soy una idiota...
Maldita la ley que me impuse:
"Antes de que te hagan llorar, hazle llorar a ellos"