Bésame como el primer día. Sé que hay una parte muy dentro de ti que me desea, que te dice que vuelvas y me digas que me amas, porque es la verdad.
Sé que al igual que yo, te acuestas pensando en mí, en esos momentos que pasamos juntos.
Que cuando besas otros labios, piensas en mí.
Sabes que no hay otra persona que te complemente tan bien.
Sabes que cómo te amo yo, nadie lo hará. Que no hay ni un persona en este mundo, que te sepa besar como lo hago yo.
Sabes que no hay nadie igual que yo.
Sabes que tengo razón...
También sabes que cada día sufro por no verte a mi lado, que cuando me dices que quedaste con otra, el mundo se me viene a abajo.
Que los celos me corroen al saber que puedes estar en este mismo momento besándote con alguien y diciéndole que te hace feliz.
Sabes que no puedo soportar estar sin ti.
Lo sabes.
Por favor, vuelve.
No permitas que nadie diga que eres incapaz de hacer algo, ni si quiera yo. Si tienes un sueño, debes conservarlo. Si quieres algo, sal a buscarlo, y punto. ¿Sabes?, la gente que no logra conseguir sus sueños suele decirles a los demás que tampoco cumplirán los suyos.
¿Me sigues?
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12 julio, 2011
21 junio, 2011
Tus gritos se me clavan en el alma
Te noto cercano, y distante al mismo tiempo. Después de un par de besos y una caricia apenas terminada; te lanzas sobre mí. Me besas con lujuriosa pasión, mi corazón late tan deprisa que no logro diferenciar cuál es cada uno de los movimientos cardíacos. Me pongo nerviosa, pero me relajo con facilidad. Esa caricia, se convierte en un baile ardiente: el de nuestros cuerpos. Pegados, moviéndose al unísono como cuando un pianista toca la más bella melodía. Repentinamente, se agotan la pasión y los besos, de una manera un tanto brusca.
Estaba a un lado de la cama, apoyado en un costado y dándome la espalda. Yo, aquí. Acostada, mirando hacia el techo y pensando en lo que había pasado minutos antes. Pasan diez... Quince... Treinta minutos envueltos en un preocupante silencio. Hasta que decidí romperlo:
- ¿Qué tal, cariño? - dije, a la vez que le besaba la espalda lenta y tiernamente.
+ Bien.
- Ah... ¿Y qué hacemos ahora? - continuo besándole el cuello.
+ No sé. Deja de besarme ya, ¿no?
- Em... Vale, vale. Sólo quería ser cariñosa.
+ Pues me estás agobiando. ¡Déjame ya! - dijo mientras se levantaba, cogía su ropa y salía del cuarto.
Se hizo el silencio y las lágrimas comenzaron a salir.
Siento desconcierto y temor, pero a la vez una intensa ira. No es la primera vez que ocurre... Pero, sí la última.
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